El Báb - Heraldo de la Fe bahá'í (1819-1850)

En 1844, en un momento de crisis moral generalizada en Persia, Irán actual, un joven comerciante de Shiraz tomó el título de ‘El Báb’, que significa ‘la Puerta’ en árabe. Al pedir una reforma espiritual y moral, anunció que era el portador de un mensaje destinado a transformar la vida de la humanidad. Como la puerta simbólica entre las edades pasadas de la profecía y una nueva era de realización para la humanidad, el Báb fundó una religión propia e independiente. Su mensaje revolucionario de renovación espiritual atrajo a decenas de miles de seguidores que llegaron a conocerse como los bábí.

Sin embargo, también fue el Heraldo de una nueva Revelación de Dios, con un papel para preparar el camino para la llegada de un nuevo Educador Divino, que marcaría el comienzo de la era de paz y justicia prometida por todas las religiones. Las autoridades religiosas de la época, perturbadas por la agitación que rodeaba el mensaje del Báb, clamaron por su arresto y encarcelamiento. Eventualmente fue juzgado y sentenciado a muerte por un pelotón de fusilamiento en la plaza de Tabriz el 9 de julio de 1850. Veinte mil de sus seguidores también fueron asesinados en una serie de masacres brutales en toda Persia.

En 1909, después de más de medio siglo, los restos del Báb finalmente fueron enterrados en Su Santuario en el Monte Carmelo en Tierra Santa, hoy un lugar sagrado de peregrinación para bahá’ís de todo el mundo.

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Bahá'u'lláh - Fundador de la Fe bahá'í (1817-1892)

Bahá’u’lláh, cuyo título significa la Gloria de Dios, proclamó ser el Prometido predicho por el Báb y profetizado por todos los Divinos Educadores del pasado.

Bahá’u’lláh nació en 1817 en Teherán, Irán. Desde muy joven, fue reconocido por su extraordinaria sabiduría, compasión, generosidad y compromiso con la justicia. Como hijo de un noble, se le ofreció un puesto de prestigio en la Corte del Sha, pero lo rechazó a favor de una vida dedicada a servir a los pobres, los vulnerables y los oprimidos.

A mediados del siglo XIX, Bahá’u’lláh se levantó para proclamar una nueva Revelación de Dios. Las miles de cartas y volúmenes de libros que reveló, delinean un marco para el desarrollo de una civilización global que abarca los aspectos espirituales y materiales de la vida humana.

Estas nuevas enseñanzas se encontraron con la vehemente oposición del clero y la élite gobernante de la época, y Bahá’u’lláh fue encarcelado, torturado y exiliado durante 40 años. A lo largo de todas estas dificultades, continuó proclamando su mensaje de unidad y unidad mundial.

Durante su encarcelamiento, Bahá’u’lláh escribió a los Monarcas y Gobernantes de la época, incluida la Reina Victoria. En sus cartas, proclamó el advenimiento de una nueva revelación divina y exhortó a los líderes mundiales a defender la justicia, abolir la esclavitud y la opresión, deponer sus armas de guerra y establecer una paz duradera.

Bahá’u’lláh falleció en 1892, y aunque todavía es un prisionero del Imperio Otomano, su vida y sus enseñanzas continúan inspirando a millones de personas de todo el mundo para contribuir al mejoramiento de sus vidas individuales y colectivas.

Nuestra fe es el siguiente paso para conseguir el progreso