9 de julio de 2015

Enviado por email: […]

A la Asamblea Espiritual Local de los bahá’ís de […]

Queridos amigos bahá’ís:

A continuación de la carta de 5 de junio de 2015 enviada a ustedes en nombre de la Casa Universal de Justicia, se nos ha pedido hacerles llegar lo siguiente y pedirles que se comparta con los creyentes de su comunidad en la forma que vean más adecuada.

Los acontecimientos ocurridos en su reciente Convención Nacional llaman a una reflexión profunda por parte de los amigos en […] sobre la naturaleza de la empresa singular en la que están involucrados por la transformación de la sociedad. Ciertamente, todos llevan en su corazón la convicción profunda de que las Enseñanzas de la Bendita Belleza son el remedio verdadero para los males que afligen a la sociedad humana y que los hechos puros y hermosos, reforzados por las confirmaciones divinas, son esenciales para que se produzca esta transformación. También son conscientes de que los seguidores sinceros de Bahá’u’lláh deben esforzarse por expresar estas convicciones, en palabra y acción, en todo lo que hagan. Aunque es comprensible cualquier decepción que puedan sentir los creyentes concienzudos, los amigos deberían, no obstante, mirar hacia el futuro con confianza en su capacidad por superar cualquier reto que pueda plantearse en el camino del desarrollo de su comunidad.

Claramente, la administración bahá’í es una parte integral de las Enseñanzas de Bahá’u’lláh. Por consiguiente, entonces, la labor continua de Sus amados es profundizar en su reconocimiento de los principios en los que está basada y observarlos fielmente en sus acciones. Las instituciones del Orden Administrativo Bahá’í, afirma el Guardián, actúan como canales a través de los cuales fluyen las bendiciones prometidas de Bahá’u’lláh. Sirven “para promover los intereses, coordinar las actividades, aplicar los principios, encarnar los ideales y ejecutar el propósito de la Fe bahá’í” y funcionan “no sólo como el núcleo, sino como el modelo verdadero del Nuevo Orden Mundial”.

A la luz de esto, los amigos deberían tener bien presente el carácter y propósito espiritual de la elección bahá’í; que señala, tanto a electores como instituciones, hacia los elevados estándares de rectitud de conducta que son centrales en las Enseñanzas bahá’ís. En esta coyuntura, cada creyente en […] haría bien de considerar los principios relaciones con la elección de los miembros de las instituciones de la Causa. Tal como sin duda saben los amigos, el servicio en las instituciones y agencias de la Fe es realmente un privilegio, pero no uno al que aspire el individuo; es un deber y una responsabilidad a la que cada creyente puede ser llamado en cualquier momento. La diferencia fundamental entre el sistema de candidaturas y oposición de la sociedad en general y el sistema bahá’í es que, en el primero, los individuos o quienes les nominan, deciden quién debería presentarse para ser votado. En el sistema bahá’í, sin embargo, no existe el concepto de un creyente que se proponga para elección o que proponga a otros para ser elegidos. Todos los bahá’ís en general son elegibles para la elección y aceptan cualquier posición para la que sean elegidos. Además, el concepto de que los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional “representan” regiones del país o elementos de la población de la que son elegidos es ajeno al espíritu de la administración bahá’í, en la que cada miembro sirve a los intereses de la comunidad nacional al completo.
Así, votar en una elección bahá’í se convierte en una tarea sagrada y un deber. Por ello, debería atenderse con actitud de oración, buscando la guía y confirmaciones divinas, volviéndose completamente hacia Dios con, tal como aconsejaba Shoghi Effendi, “pureza de motivo, libertad de espíritu y santidad de corazón”. Ningún individuo o institución debería intentar influenciar los votos de los electores. En cada elección, corresponde al individuo, en la privacidad de su propia mente y corazón, dar consideración cuidadosa y en oración a quiénes siente que son lo más adecuados para llevar, de forma efectiva, las responsabilidades que implica ese servicio administrativo. Los delgados, así como la generalidad de los creyentes, defienden la pureza de las elecciones bahá’ís evitando escrupulosamente cualquier discusión sobre que individuo debería o no ser elegido, evitando ciertamente cualquier trace de electoralismo. Todo esto es parte de los fundamentos del proceso electoral bahá’í, si uno desea observarlo fielmente.

Bahá’ís de todo el mundo viven, muchas veces, en países en los que el ambiente político incluye prácticas que -aunque puedan parecerse a algunos aspectos externos a las de la Fe- no están en conformidad con sus estándares, y en las que, la búsqueda de ambiciones personales, la intriga y el subterfugio han llegado a representar mucho de lo constituyen las elecciones. Los creyentes no pueden ser negligentes en sus responsabilidades; más bien, deben mantenerse vigilantes para que estas prácticas contrarias a las Enseñanzas, no se deslicen de forma inadvertida dentro de las actividades de la comunidad bahá’í.

El cambio es una característica de todo organismo vivo y, cuando se dan cambios en la membresía de las instituciones de la Fe, éste puede aportar nuevas energías e ideas frescas. Los amigos no están obligados a elegir a los mismos miembros año tras año. Sin embargo, cambiar sólo por el hecho de cambiar no es sabio, al tiempo que el cambio que viene expresado a través de la voluntad del electorado, en la estricta adherencia a las Enseñanzas, puede ser de gran valor. Los amigos, por lo tanto, deberían hacer todo lo que esté en su poder para convertirse en electores inteligentes y efectivos. Y, al ofrecer sus votos concienzudamente y en oración, podrán mantener a los miembros existentes o efectuar un cambio gradual o radical, dependiendo solamente en su percepción de cierto número de consideraciones, incluyendo las calificaciones de quienes son elegibles para esa elección, las circunstancias y condiciones actuales, y las necesidades de la Causa. Ningún sentimiento de frustración al respecto justifica el desviarse ni en la medida del grosor de un cabello de los principios que guardan el sistema divinamente ordenado para las elecciones bahá’ís. Si los amigos tienen cualquier preocupación sobre el progreso de la Fe o el funcionamiento de sus instituciones, no deberían dudar en presentar estos asuntos a través de los canales apropiados, siguiendo los principios de la consulta bahá’í.

¿Cómo entonces se prepara para tal responsabilidad quien está al tanto de la naturaleza sagrada de las elecciones bahá’ís y ha recibido el honor de actuar como elector? “Para ser capaz de tomar una decisión correcta en el momento de la elección” declara el Guardián, “es necesario que uno se encuentro en contacto continuo y cercano con todas las actividades locales, sean de enseñanza, administrativas u otras.” A través de esta participación, se nos posibilita convertirnos en un “elector responsable, bien informado e inteligente”, que es merecedor de la confianza que se le ha hecho. Naturalmente, las instituciones de la fe y la comunidad en pleno tienen la responsabilidad de asegurar que se da el ambiente apropiado para que el individuo pueda ejercer su libertad a votar según su consciencia. También aseguran que las elección se protegen de las acciones de aquellos que -sea por ignorancia o interés propio- puedan buscar subvertirlas para sus propios propósitos. Un elector responsable también juega su papel al salvaguardar su libertad sagrada, así como la de sus compañeros electores, de votar según le indiquen la oración y la reflexión desapasionada.
Los pensamientos delineados previamente no sólo tienen relevancia para los asuntos electorales de la comunidad; su implicación es de mucho mayor alcance. Los amigos pueden estar seguros de que el efecto de sus esfuerzos por el proceso de la Fe en su país se verá sostenido únicamente en la medida en que su vida interior y carácter privado “reflejen en sus múltiples aspectos el esplendor de esos principios eternos proclamados por Bahá’u’lláh.” Por consiguiente, en todo lo que pertenezca a las actividades de la comunidad bahá’í, los creyentes deberían buscar demostrar el poder de las Enseñanzas para crear en individuos, instituciones y comunidades una nueva manera de ser, una que está elevada muy por encima de la corrupción y el conflicto tan comunes en nuestra sociedad actual.

Es el deseo de la Casa de Justicia que los amigos en […] analizarán minuciosamente los asuntos presentados en esta carta. También les encomienda el estudio de las cartas de 25 de marzo 2007 y 16 de mayo 2013, dirigidas a los bahá’ís del mundo y a los delegados reunidos en sus Convenciones Nacionales Bahá’ís, respectivamente.

Les aseguramos las oraciones de la Casa Universal de Justicia en los Santuarios Sagrados para que Bahá’u’lláh bendiga cada uno de sus esfuerzos por el progreso de Su Causa y pueda rodear con Sus Brazos protectores a los queridos creyentes en su país.

Con amorosos saludos bahá’ís,

Departamento de la Secretaría,

cc: Centro Internacional de Enseñanza

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