Los institutos de capacitación: lograr un nivel más elevado de funcionamiento

Un documento preparado por el Centro Internacional de Enseñanza

CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í – ENERO DE 2017

 

LOS INSTITUTOS DE CAPACITACIÓN:
LOGRAR UN NIVEL MÁS ELEVADO DE FUNCIONAMIENTO

INTRODUCCIÓN

  • LA SECUENCIA PRINCIPAL DE CURSOS

1.1  Elevar el número y realzar la capacidad de los tutores

1.2  Asegurar un flujo continuo de participantes a través de la secuencia de cursos

1.3  Coordinar la secuencia principal de cursos

  • EL PROGRAMA DE EMPODERAMIENTO ESPIRITUAL DE LOS PREJÓVENES

2.1  Agrupaciones donde los amigos están estableciendo un programa intensivo de crecimiento

2.2  Agrupaciones donde los amigos están aprendiendo a acoger a grandes números de personas

2.3  La coordinación de los grupos de prejóvenes

  • EL PROGRAMA DE EDUCACIÓN ESPIRITUAL DE LOS NIÑOS

3.1  Agrupaciones donde los amigos están estableciendo un programa intensivo de crecimiento

3.2  Agrupaciones donde los amigos están aprendiendo a acoger a grandes números de personas

3.3  La coordinación de las clases para niños

  • CAPACIDAD INSTITUCIONAL

4.1  Formular una visión

4.2  El aprendizaje y la capacidad de diseminar el conocimiento acumulado

4.3  La evolución de los esquemas organizativos

4.4  Realzar la capacidad del instituto mismo

4.5  Gestión efectiva de los recursos económicos y materiales

4.6  Algunos aspectos administrativos

4.7  La junta del instituto de capacitación

 

 

LOS INSTITUTOS DE CAPACITACIÓN:
 LOGRAR UN NIVEL MÁS ELEVADO DE FUNCIONAMIENTO

En su mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015, dirigido a la Conferencia de los Cuerpos Continentales de Consejeros, la Casa Universal de Justicia declaró que lograr un nivel más elevado de funcionamiento es una preocupación apremiante de los institutos de capacitación. Esta preocupación se hace más evidente cuando se mira en el contexto de las metas que el mundo bahá’í tiene por delante durante este Plan de Cinco Años: «intentar aumentar a 5.000 el número de agrupaciones donde un programa de crecimiento ha llegado a ser intensivo para Riḍván de 2021»1 y sumar «varios centenares más»2 a las aproximadamente doscientas agrupaciones que ya han superado el tercer hito. Como declaró la Casa de Justicia:

«Los esfuerzos de la comunidad para fortalecer los programas de crecimiento en miles de agrupaciones y mantener su intensificación exigirán un gran esfuerzo a estas agencias. Su centro de atención es, por supuesto, el despliegue de las tres etapas del proceso educativo que supervisan y el fortalecimiento del proceso de aprendizaje asociado con cada una, de manera que tanto la calidad de las actividades del instituto como la capacidad de hacerlas llegar a un número cada vez mayor de personas aumenten constantemente».3

En las reuniones institucionales celebradas por todo el mundo en preparación para el inicio del Plan de Cinco Años actual, los amigos se beneficiaron de observar lo que estaba sucediendo en cada agrupación desde dos perspectivas. La primera, la participación en ciclos trimestrales de actividad mediante los cuales crece la comunidad, prestando atención a la enseñanza de la Fe y la conversación con personas de la sociedad en general; y la segunda, el despliegue de los tres imperativos educativos seguidos por el instituto de capacitación. En relación a esto último, la Casa de Justicia ha manifestado lo siguiente:

«En este contexto, se habla de tres imperativos educativos, cada uno de los cuales se distingue por sus propios métodos y materiales, exige una cantidad de recursos dada, y se vale de mecanismos destinados a sistematizar la experiencia y generar conocimiento partiendo de las percepciones adquiridas en el campo. Así, como es natural, en torno a la implementación del programa de educación espiritual de los niños, del programa de empoderamiento espiritual de los prejóvenes y de la secuencia principal de cursos toman forma tres conversaciones».4

Para ayudar a los amigos que gestionan el funcionamiento de los institutos de capacitación a responder a las exigencias actuales, este documento comparte algunas percepciones extraídas del acervo de experiencia acumulada en el mundo bahá’í sobre la implementación de la secuencia principal de cursos, el programa de empoderamiento espiritual de los prejóvenes y el programa para la educación espiritual de los niños. El documento también aborda temas relacionados con la capacidad institucional de los institutos de capacitación. Se espera que en cada región o país los amigos responsables de las labores del instituto utilicen estas percepciones para sistematizar más sus esfuerzos, teniendo en cuenta sus propias circunstancias y experiencia.

  1. LA SECUENCIA PRINCIPAL DE CURSOS

Tal como suele entenderse, el estudio de los cursos del instituto en determinada agrupación comienza a menudo con sólo un pequeño grupo de participantes que luego empiezan a ofrecer alguno de los actos de servicio recomendados por los cursos. Para que el proceso de crecimiento avance significativamente el número de personas que estudian los cursos del instituto debe seguir creciendo. Los principales aspectos que constituyen la médula de este objetivo incluyen: aumentar el número y realzar la capacidad de los que sirven como tutores, mantener un flujo constante de participantes a lo largo de la secuencia de cursos y coordinar los esfuerzos del instituto mediante mecanismos eficaces.

1.1 Elevar el número y realzar la capacidad de los tutores

Un número creciente de tutores capaces a quienes, con el tiempo, se ayuda a adquirir mayor efectividad es fundamental para el fortalecimiento de los programas educativos de los institutos de capacitación.

1.1.1 El cuadro inicial de tutores

Los institutos se enfrentan a una serie de interrogantes en relación con agrupaciones donde está emergiendo un programa de crecimiento, entre ellos: cómo hacer llegar a cada agrupación el alcance del estudio de los cursos de instituto de manera significativa, y cómo asegurarse de que «dentro de un plazo razonable, algunos de los residentes en una agrupación estén capacitados para servir como tutores».5

Los amigos locales de las agrupaciones con nuevos programas de crecimiento han dependido inicialmente de la participación en el estudio de los cursos ofrecidos por tutores con experiencia de las agrupaciones más avanzadas, ya sean cercanas o más lejanas. También se han beneficiado de los servicios de uno o dos tutores visitantes de las agrupaciones sólidas, cuidadosamente seleccionados y preparados, que en algunos casos sirven también como pioneros de frente interno, a corto o largo plazo. En cualquiera de los casos, los tutores en cuestión son más eficientes cuando comprenden que están promoviendo un proceso con implicaciones de largo alcance para la vida espiritual y material de una población. Además de ayudar al primer grupo de amigos a levantarse y servir, los tutores, mediante los cursos que ofrecen, ayudan a construir una base sólida de conocimiento y experiencia sobre la cual se va desarrollando gradualmente el proceso de instituto.

Sin embargo, es sólo después de que algunos amigos de la localidad comienzan a servir como tutores que el instituto verdaderamente echa raíces en una agrupación y el número de los que estudian los cursos del instituto aumenta significativamente. Los primeros pasos en este sentido pueden darse animando a unos cuantos amigos, de entre los que han estudiado los primeros cursos y han adquirido cierta experiencia en las actividades relacionadas, a que comiencen a ayudar a otros a estudiar los cursos. Los tutores visitantes pueden empezar pidiendo a estos amigos que ayuden a dirigir discusiones de secciones de los materiales y a organizar las prácticas correspondientes. También podrían ahondar con ellos en aspectos desafiantes del estudio y de la práctica en curso. De esta manera, se capacita cuidadosamente a unos cuantos amigos de la localidad para que comiencen a ofrecer a otros por lo menos los dos primeros cursos de la secuencia. Una revisión a fondo de estos cursos, realizada juntamente a un estudio de secciones del Libro 7 del Instituto Ruhí, y la ayuda continua de un tutor con experiencia, pueden preparar todavía mejor a los amigos de la localidad para esta tarea. A medida que sirven de esta manera y avanzan en su propio estudio de los cursos, crece su capacidad para ayudar a otros que desean servir.

Allí donde este enfoque se aplica con sabiduría, este sitúa a un número de personas en el sendero del aprendizaje sobre cómo facilitar un proceso por medio del cual se desarrolla la capacidad de personas deseosas por contribuir a intensificar el proceso de construcción de comunidad. Además, al ayudar a un número mayor de personas a estudiar los cursos del instituto, este enfoque proporciona lo antes posible una base de participación creciente de los amigos de la localidad en las actividades relacionadas. Sin embargo, hay que hacer una llamada de advertencia. Los resultados deseados son menos probables si en el proceso de generar tutores se pide que cada persona forme un grupo de estudio en el momento en que termina uno o dos cursos. En tales casos, se puede emplear mucho esfuerzo y conseguir grandes números de personas en un breve periodo de tiempo, pero los resultados deseados de ayudar a que cada vez más personas promuevan el proceso de construcción de comunidad siguen sin concretarse.

1.1.2 Un cuerpo creciente de tutores

Cuando los servicios de uno o dos tutores visitantes se ven reforzados con algunos amigos de la localidad que están aprendiendo a impartir cursos del instituto, este equipo de más o menos cinco personas hace posible aumentar el número de los que estudian los cursos e inician actividades, intensificando así la labor en curso e impulsando a la agrupación en su camino de progreso para superar el segundo hito.

Sin embargo, el avance continuo de la agrupación requiere un número creciente de tutores. Para que en cada agrupación aumente el número de personas capaces de servir como tutores, más personas de entre las que promueven las actividades de enseñanza y de construcción de comunidad deben continuar avanzando a lo largo de la secuencia de cursos. Pues es sólo cuando contingentes siempre crecientes de personas están inmersos en el estudio y el servicio de manera simultánea y sostenida que se amplía significativamente el cuerpo de tutores efectivos. Esto subraya el carácter acumulativo del proceso de construcción de capacidad generado por la secuencia de cursos. Con cada curso estudiado aumenta el conocimiento de la Fe, se profundiza la percepción de temas espirituales, se amplían las susceptibilidades espirituales, se desarrollan las cualidades y actitudes necesarias y se agudizan las habilidades y aptitudes. Los individuos acrecientan su capacidad de investigar los Escritos Sagrados, entender la realidad de su comunidad y entablar conversaciones significativas. Pueden consultar mejor sobre sus necesidades, colaborar con los demás, reflexionar sobre sus esfuerzos y mejorarlos. A medida que se vuelven cada vez más conscientes de la ayuda divina que los rodea, crece su confianza. Cuando esta experiencia abarca a un número cada vez mayor de personas, y se ayuda a muchas de ellas a formar su círculo de estudio y servir como tutores tras estudiar el Libro 7, emplean todas estas habilidades en esfuerzos por acompañar a otros en el sendero del servicio. De esta manera, una agrupación llega finalmente a beneficiarse del servicio de una veintena o más de amigos de la localidad capaces de actuar como tutores. Mediante sus esfuerzos, el número de personas capacitadas para iniciar y mantener actividades básicas y otros actos de servicio en la agrupación crece constantemente.

1.1.3 Elevar la efectividad de los que sirven como tutores

En su mensaje de Riḍván de 2010, la Casa Universal de Justicia observaba que la comunidad mundial bahá’í había «logrado crear una cultura que promueve una manera de pensar, estudiar y actuar en la que todos caminan por un mismo sendero de servicio», y había «adquirido la capacidad para permitir que miles, más aún, millones de personas, estudien los escritos en pequeños grupos con el propósito explícito de llevar las enseñanzas bahá’ís a la realidad».6 Aquí radica la dinámica de un movimiento incontenible que se puede fomentar en poblaciones locales y, «en este sentido, mucho dependerá de los que sirven como tutores».7 La Casa de Justicia explicaba además:

«Suyo será el desafío de crear el ambiente que se espera rodee los cursos de instituto, un ambiente que lleve al empoderamiento espiritual de los individuos, que llegarán a verse a sí mismos como agentes activos de su propio aprendizaje, como protagonistas de un esfuerzo constante por aplicar el conocimiento que conduzca a la transformación individual y colectiva. Si esto no ocurre, no importa cuántos círculos de estudio se formen en una agrupación, no se generará la fuerza necesaria para impulsar el cambio.»8

Los responsables de velar por la labor de cada instituto tienen el deber de aprender cómo pueden ser cada vez más eficientes los tutores en ayudar a las personas a liberar su potencial para contribuir al progreso de las agrupaciones a las que sirven. A este respecto, hay algunas cuestiones específicas que cada instituto debe abordar.

Los amigos que sirven como tutores son más eficientes cuando comprenden bien el propósito del instituto de levantar recursos humanos capaces de fomentar el proceso de construcción de comunidad mediante la aplicación de las enseñanzas bahá’ís. Estos amigos deben apreciar la naturaleza del proceso de instituto y «la dinámica que encierra este proceso: el espíritu de camaradería que genera, el enfoque participativo que adopta, la profundidad de comprensión que fomenta, los actos de servicio que recomienda y, por encima de todo, su dependencia en la Palabra de Dios».9 Deben familiarizarse de manera creciente con la forma en que el proceso realza las capacidades para servir a la Causa mediante la integración del estudio, la práctica y el servicio. A medida que los tutores ganan experiencia, adquieren percepciones más profundas de cómo cada libro del instituto se cimienta sobre los anteriores para empoderar a los individuos. Disciernen las cualidades espirituales que suscita cada curso, las actitudes que promueve, el conocimiento que imparte, las habilidades que desarrolla, el acto de servicio que introduce y las interacciones que fomenta.

En última instancia, los tutores llegan a ser capaces de facilitar el estudio de los libros de una manera que realza la comprensión y moldea las actitudes, y de organizar los componentes prácticos de una manera que genera confianza. Cuando los tutores ayudan a los participantes a comenzar a aplicar lo que están aprendiendo, primero en el contexto del círculo de estudio y luego en la comunidad, todos ―los tutores incluidos― aprecian mejor la naturaleza del proceso de construcción de comunidad que se despliega. Además, los tutores promueven un ambiente de empoderamiento espiritual y una profunda amistad entre los que estudian juntos. Enlazan los esfuerzos incipientes de estos amigos con el proceso de construcción de comunidad en curso y con las instituciones y agencias de la Fe que se encuentran dispuestas para apoyar a todos los que estudian los cursos del instituto.

Por supuesto, «las capacidades de un tutor se desarrollan progresivamente a medida que entra en el campo de la acción y ayuda a otros a contribuir al objetivo de la serie actual de Planes globales».10 Los coordinadores del instituto de capacitación aseguran que los que sirven como tutores estén debidamente apoyados, entre otras cosas, mediante la promoción del apoyo y la asistencia mutuos entre los tutores, trabajando junto a ellos sobre el terreno, y reuniéndolos en encuentros para la reflexión.

Apoyo y asistencia mutuos

Los coordinadores se esfuerzan por crear en una agrupación una atmósfera en la que los que sirven como tutores ―tanto nuevos como veteranos― se ayudan mutuamente en su servicio. Los tutores con experiencia se ponen a disposición de los que están tomando sus primeros pasos, ya sea ofreciendo junto con ellos algunos de los cursos o compartiendo sus percepciones con ellos. Sin embargo, independientemente de la experiencia de los individuos en cuestión, la realización de actividades conjuntas sobre el terreno y el aprovechamiento del conocimiento mutuo sirven no sólo para fortalecer las capacidades sino también para consolidar el compromiso.

Trabajar junto a los tutores y organizar encuentros para la reflexión

Los coordinadores «aportan experiencia práctica y dinamismo»11 a sus esfuerzos por laborar sobre el terreno con los que sirven como tutores. Las preguntas concretas que afrontan los tutores son muchas. Por ejemplo, intentan aprender sobre la naturaleza y el contenido de una conversación efectiva cuando se invita a alguien a estudiar el Libro 1, cómo organizar la primera reunión de un círculo de estudio, cómo articular bien el objetivo de la secuencia de cursos y el propósito de cada libro, y cómo mantener la discusión de los temas del curso enfocada y en marcha. Muchas de estas preguntas se responden sobre el terreno a medida que los tutores laboran junto con otros y están acompañados por un coordinador o un colega con más experiencia.

Estas interacciones se complementan con reuniones periódicas de tutores para la reflexión y para un estudio más profundo de los cursos. En estas ocasiones, los tutores repasan los materiales pertinentes para ahondar su comprensión de los conceptos subyacentes al proceso de instituto y a los Planes de la Fe, reflexionan sobre los esfuerzos en curso, describen su experiencia evolutiva, y examinan más a fondo los libros que están facilitando. Dependiendo del número de tutores, estos encuentros tienen lugar a distintos niveles de la comunidad: un pueblo o barrio, una agrupación o un número de agrupaciones contiguas, o incluso una región o un país. Algunas reuniones abarcan a todos los tutores y abordan asuntos de interés general; otras se centran en grupos concretos, por ejemplo tutores nuevos, los que facilitan un curso determinado, o los que trabajan con un segmento de la población, como pueden ser los jóvenes o las mujeres. Estos espacios son más efectivos cuando las consultas de los amigos se organizan en torno a una serie de preguntas sobre las que están aprendiendo.

1.2 Asegurar un flujo continuo de participantes a través de la secuencia de cursos

La capacidad de mantener un flujo constante de personas a través de los cursos del instituto se amplía a medida que los amigos de una agrupación aprenden a entablar conversaciones sobre las enseñanzas de la Fe con números cada vez mayores de personas, a fomentar la participación de los jóvenes, a gestionar un flujo creciente de jóvenes de los grupos de prejóvenes hacia la secuencia principal, y a utilizar de manera complementaria los círculos de estudio y las campañas de instituto como modos de impartir los cursos.

1.2.1 Fomentar conversaciones sobre las enseñanzas de la Fe

La capacidad de integrar a un número cada vez mayor de personas en el estudio de los cursos del instituto avanza junto con la habilidad de fomentar conversaciones cada vez más fecundas sobre las enseñanzas bahá’ís en una población. La secuencia de cursos en sí misma proporciona cierta estructura a la forma en que se desarrollan estas conversaciones. En su mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015, la Casa Universal de Justicia declaró:

«Desde el principio de la secuencia de cursos, el participante se encuentra con la Revelación de Bahá’u’lláh al considerar temas tan trascendentales como la oración, el servicio a la humanidad, la vida del alma, y la educación de niños y jóvenes. A medida que la persona cultiva el hábito del estudio y la reflexión profunda sobre la Palabra Creativa, este proceso de transformación se manifiesta en la capacidad de expresar la comprensión propia de conceptos profundos y de explorar la realidad espiritual en conversaciones de trascendencia. Estas capacidades son visibles no sólo en las consultas elevadas que caracterizan cada vez más las interacciones dentro de la comunidad, sino también en conversaciones corrientes que van mucho más allá, especialmente entre los jóvenes bahá’ís y sus compañeros, llegando a abarcar a los padres cuyos hijas e hijos se están beneficiando de los programas educativos de la comunidad. A través de intercambios de este tipo se eleva la conciencia de las fuerzas espirituales, dicotomías aparentes ceden paso a percepciones inesperadas, se fortalece un sentimiento de unidad y vocación común, se refuerza la confianza de que se puede crear un mundo mejor, y se manifiesta un compromiso con la acción. Tales conversaciones distintivas atraen gradualmente a un número cada vez mayor de personas a tomar parte en una variedad de actividades de la comunidad.»12

La forma y la calidad del movimiento de personas a través de la secuencia de cursos afectan significativamente la manera en que avanzan las conversaciones sobre las enseñanzas en una población. La descripción siguiente, aunque generalizada, ayudará a ilustrar este punto.

En un pueblo o barrio donde un pequeño grupo comienza a estudiar el Libro 1, los participantes conversan con naturalidad sobre temas espirituales como la Palabra de Dios, la oración y la vida del alma. La oración, la lectura de los escritos y el llamarse a cuentas a uno mismo comienzan a arraigarse entre ellos como una disciplina diaria. La posibilidad de explorar juntos otros temas de los escritos de la Fe aumenta cuando se les ofrece a estos amigos las Palabras Ocultas y las comienzan a leer, como se recomienda en la primera unidad del Libro 1. El alcance de esta conversación se amplía cuando inician visitas a los hogares de sus amigos y vecinos para compartir oraciones. La introducción de unas cuantas reuniones devocionales proporciona un espacio en el que más personas ―bahá’ís o no― se reúnen para orar y reflexionar sobre las implicaciones de los Escritos para su vida individual y colectiva. Este avance aparentemente simple se convierte en un medio para invitar al estudio de los cursos del instituto a aquellos que muestran receptividad, dando lugar a un aumento de las personas que entran en el sendero del servicio.

Cuando algunos de los que han completado el Libro 1 empiezan a estudiar el Libro 2, los temas y conceptos sobre los que conversan con otros se amplían para incluir, por ejemplo, la Alianza eterna, la unidad de la comunidad, los principios bahá’ís relacionados con diversas enseñanzas sociales, y otros que surgen a medida que los amigos aprenden a responder a las necesidades del oyente. Los hogares que visitan en este marco se convierten en lugares adicionales para conversaciones profundas. Empiezan a considerarse las enseñanzas de Bahá’u’lláh sobre la educación espiritual de los niños —y sobre el papel que desempeñan los individuos, las familias y la comunidad a este respecto— a medida que algunos estudian el Libro 3 y se forman algunas clases para niños. Incluso una sencilla ocasión convocada con cierta regularidad para que las familias y los vecinos descubran lo que los niños están aprendiendo eleva la conversación sobre el significado y las implicaciones de una comunidad que nutre espiritualmente a sus hijos.

Cuando algunas personas estudian el Libro 4, las conversaciones comienzan a abordar más profundamente el tema de las Personas de Bahá’u’lláh y el Báb, así como la interacción entre crisis y victoria que ilustran Sus nobles vidas. El estudio del Libro 5 aviva intercambios sobre las enseñanzas bahá’ís relacionadas con el empoderamiento espiritual de los prejóvenes que, dadas las fuerzas sociales que asedian a este grupo de edad, se hacen sentir entre los jóvenes, los padres y los líderes comunitarios. El estudio del Libro 6 fomenta la capacidad de entablar «una conversación entre dos almas»,13 un esfuerzo de enseñanza directa que «puede llegar a ser un catalizador para un proceso duradero de transformación espiritual».14

Así, cada curso estudiado ayuda a un número cada vez más elevado de amigos a expresar su «comprensión propia de conceptos profundos y […] explorar la realidad espiritual en conversaciones de trascendencia».15 De esta manera, un pueblo o un barrio se imbuye gradualmente de conversaciones basadas en las enseñanzas de la Fe y de la experiencia que resulta de aplicarlas a la creación de una nueva forma de vida colectiva. Con la gama de posibles conversaciones y, «a medida que aumenta la experiencia, los amigos se vuelven más expertos en discernir cuándo han encontrado un oído atento, decidir cuándo ser más directos al compartir el mensaje, eliminar obstáculos a la comprensión, y ayudar a los buscadores a abrazar la Causa».16

La manera en que se sistematiza aún más esta capacidad de entablar conversaciones con una población queda descrita en la siguiente declaración de la Casa Universal de Justicia:

«A medida que sigue el avance, los planes de las instituciones se sirven de la capacidad creciente para entablar conversaciones significativas. Cuando ya han surgido formalmente los ciclos de actividad, esta capacidad va siendo impulsada todavía más durante la fase de expansión que tiene un papel tan importante en determinar el resultado de cada ciclo. Los objetivos concretos de cada fase de expansión varían, por supuesto, en función de las condiciones de la agrupación y las circunstancias de la comunidad bahá’í. En algunos casos, su objetivo principal es aumentar la participación en las actividades básicas; en otros, se descubre una predisposición por aceptar la Fe. Surgen conversaciones sobre la Persona de Bahá’u’lláh y el propósito de Su misión en una variedad de entornos, incluidas reuniones hogareñas y visitas a los hogares.»17

Además de representar la manera en que la secuencia de cursos da forma al desarrollo de conversaciones significativas sobre las enseñanzas de la Fe en una población, lo que intenta mostrar la descripción anterior es cómo el alcance, la profundidad y la coherencia de estas conversaciones, por un lado, y el incremento del número de personas que estudian los cursos del instituto, por el otro, se alimentan mutuamente.

1.2.2 Aprender a fomentar la participación de los jóvenes en los cursos del instituto

Es evidente de lo anterior que gran parte del progreso de una agrupación depende de la habilidad de los amigos de entablar conversaciones diversas y significativas sobre las enseñanzas bahá’ís con una población, y atraer luego a sus miembros a un proceso educativo que multiplica sus poderes para contribuir a la construcción de una nueva sociedad. Es natural, pues, que en cualquier momento de este proceso los amigos encuentren ciertos segmentos de esa población particularmente receptivos. Como ha declarado la Casa de Justicia, los jóvenes representan un elemento con gran capacidad de respuesta «entre todas las poblaciones receptivas a las que los amigos han intentado llegar».18 Los esfuerzos iniciales para establecer una vía especial para el ingreso de los jóvenes en la secuencia de cursos en una agrupación son necesariamente modestos. Se realizan esfuerzos —a veces mediante encuentros especialmente organizados— para llegar a un grupo de jóvenes, entablar conversaciones con ellos que abran ante sus ojos «una visión convincente de cómo pueden contribuir a la construcción de un mundo nuevo»,19 invitarles a estudiar los cursos del instituto, y luego ayudarles a pasar rápidamente al campo del servicio. A menudo esto implica el estudio intensivo de una serie de cursos, como los Libros 1, 3 y 5, ya que los actos de servicio que se les presentan primero suelen ser enseñar clases para niños y ayudar en grupos de prejóvenes. A medida que avanza el proceso de crecimiento, la forma en que los jóvenes estudian los cursos del instituto se ajusta poco a poco, en su mayor parte, a la secuencia en que vienen ordenados. No obstante, de vez en cuando el instituto puede ofrecer a algunos jóvenes una selección de cursos con el fin de acelerar la multiplicación de las actividades.

1.2.3 Un flujo desde los grupos de prejóvenes hacia la secuencia principal

Otra vía se abre cuando más y más participantes en los grupos de prejóvenes llegan a la edad de 15 años y se les ayuda a iniciar el estudio de los cursos del instituto. Al comienzo del proceso de crecimiento, una agrupación puede experimentar la entrada de algunos de estos jóvenes a la secuencia principal. Sin embargo, el primer flujo notable de los grupos podría ocurrir sólo después de los primeros tres años o más de ofrecer el programa. Incluso entonces podría ser bastante modesto. Sólo se produce un flujo apreciable cuando en una agrupación existe la capacidad de mantener a grandes números de prejóvenes en grupos estables.

Para acoger a los jóvenes de los grupos en los cursos del instituto, las agencias aprenden gradualmente a seguir el progreso de cohortes de prejóvenes a lo largo de los textos; a ayudarles a ver las perspectivas de estudio y servicio posteriores que les esperan, a medida que se acercan al término del programa o a la edad de 15 años; a organizar ocasiones formales para darles la bienvenida a la secuencia principal, individualmente o en grupos; y a preparar a los tutores, que en algunos casos pueden ser los mismos amigos que los acompañaron como animadores, para trabajar bien con ellos. Aunque los jóvenes «se vuelven una gran reserva de energía y talento que puede consagrarse al avance de la civilización espiritual y material»20 y pueden hacer mucho para impulsar los esfuerzos de una agrupación, las expectativas de la rapidez con que pueden avanzar deben ser razonables. Apresurándolos a través de la secuencia con el único propósito de incrementar una actividad u otra podría resultar contraproducente a largo plazo. Les sería más beneficioso avanzar a lo largo de la secuencia de cursos a un ritmo natural.

1.2.4 Progreso a lo largo de la secuencia de cursos

En su mensaje de fecha 12 de diciembre de 2011 dirigido a todas las Asambleas Espirituales Nacionales, la Casa Universal de Justicia declaró lo siguiente:

«La secuencia principal de cursos está organizada de tal forma que sitúa a la persona, sea bahá’í o no, en un sendero delineado por la experiencia que acumula la comunidad al afanarse por desplegar ante la humanidad la visión del Orden Mundial de Bahá’u’lláh. La noción de un sendero indica en sí misma la naturaleza y propósito de los cursos, puesto que un sendero invita a la participación, llama a nuevos horizontes, exige esfuerzo y movimiento, tiene cabida para ritmos y pasos diferentes, y está estructurado y definido. Un sendero puede experimentarse y conocerse no solo por una o dos, sino por todo un sinfín de personas, por cuanto pertenece a la comunidad».21

A la luz de lo anterior, para levantar un número creciente de recursos humanos en cada agrupación, «se recluta a un número creciente de amigos para que se incorporen al primer curso básico, ayudando al mismo tiempo a que un porcentaje relativamente significativo avance a los sucesivos cursos superiores, hasta lograr de este modo las capacidades requeridas de servicio».22 Si sólo una pequeña fracción de los que han estudiado el primer curso avanza al segundo, y otra pequeña fracción de estos amigos avanza al tercer curso, y así sucesivamente, se le quita el dinamismo necesario a la labor del instituto y, en última instancia, al proceso de crecimiento mismo.

Es más probable que el avance de muchas personas a lo largo de la secuencia de cursos ocurra cuando los amigos son capaces de asociar sus estudios con acciones específicas. Se sienten deseosos de estudiar el siguiente curso de la secuencia cuando comprenden que avanzar juntos a lo largo de un sendero de servicio les permite contribuir al progreso de su comunidad. Ese avance puede verse obstaculizado cuando los cursos se presentan inadvertidamente como un fin en sí mismos, o como una mera profundización, cuando el ritmo de estudio es demasiado lento o demasiado rápido, cuando las discusiones sobre los conceptos no se relacionan con la experiencia, o cuando se descuidan los componentes prácticos de los cursos.

Para asegurar que el número de personas que avanzan a lo largo de la secuencia es considerable, los coordinadores de instituto se reúnen periódicamente ―a menudo con otras agencias de la agrupación― para revisar el flujo de participantes de un libro al siguiente. Para determinar cuándo se ha dado un retraso indebido en la progresión de muchos amigos y cuáles puedan ser sus causas, recurren a información precisa sobre la participación en los cursos. Sobre la base de un análisis bien fundado, el instituto puede introducir medidas —como consultas con los amigos, campañas de instituto oportunas y la ayuda de tutores visitantes— para eliminar los obstáculos que dificultan la participación continua de muchas personas.

1.2.5 Impartir los cursos de instituto

En la mayoría de las agrupaciones de todo el mundo, los círculos de estudio siguen siendo el modo predominante de impartir los cursos del instituto. En una agrupación con un programa de crecimiento incipiente, los primeros círculos de estudio suelen formarlos tutores visitantes o un pionero de frente interno. A medida que crece el número de amigos de la localidad que pueden servir como tutores, la capacidad de establecer círculos de estudio aumenta inevitablemente. Aparte de ayudar a un número cada vez mayor a levantarse a servir, los círculos de estudio que funcionan bien fomentan entre los amigos, y entre ellos y las instituciones, interacciones cariñosas y de apoyo mutuo que enlazan a estos protagonistas del Plan en acciones unificadas.

Gran parte de la efectividad de los círculos de estudio se deriva del hecho de que cada uno de ellos constituye un pequeño grupo de amigos que estudian los cursos juntos en un entorno local, con el propósito explícito de aprender a aplicar las enseñanzas bahá’ís a su vida personal y colectiva, y así contribuir a un proceso profundo de cambio. En un ambiente caracterizado por la amistad sincera y el propósito común, los miembros estudian los cursos del instituto, se dedican al servicio y a las actividades extracurriculares, y fomentan este modo de aprendizaje entre otros. A medida que un número mayor de amigos sirven como tutores, varios sectores de los habitantes de una comunidad —jóvenes, mujeres, madres, parejas, jóvenes profesionales y familias— se integran al estudio de los cursos y toman parte en los esfuerzos por promover el bienestar espiritual y material. Los círculos de estudio se convierten en rasgos distintivos de la vida de la comunidad cuando funcionan con cierto grado de formalidad, incorporando elementos tales como un comienzo y un cierre formales, una composición determinada y un horario definido. Además, un número diverso y cada vez mayor de amigos progresan a lo largo de la secuencia de cursos cuando se permite cierto grado de flexibilidad; por ejemplo, los miembros ajustan el ritmo con que realizan las diversas actividades según las necesidades, y mientras puede que algunos paren al finalizar un curso en concreto, otros pueden unirse cuando comienza el estudio de uno nuevo. Para evitar que se prolongue demasiado el estudio de cualquier curso concreto, los amigos podrían complementar el estudio periódico con ocasiones para el estudio intensivo, que podrían durar un fin de semana o unos cuantos días. Cuando siguen un ritmo de progreso saludable, los círculos de estudio contribuyen mucho a vigorizar los programas de crecimiento.

Con el fin de acelerar el flujo de grandes números de amigos a lo largo de la secuencia de cursos, los círculos de estudio por lo general funcionan en paralelo con las campañas de instituto. En las agrupaciones donde hay una gran receptividad, las campañas pueden ser incluso el principal modo de impartir los cursos durante un tiempo. Con el estudio intensivo de dos o más cursos de instituto en un tiempo relativamente corto, las campañas de instituto se llevan a cabo a todos los niveles de la comunidad: local, de agrupación o conjunto de agrupaciones, regional o nacional. Las instituciones y los amigos de la localidad donde se lleva a cabo la campaña a menudo toman parte en la planificación y el suministro de recursos, y las campañas son más efectivas cuando se programan durante épocas del año en que muchas personas pueden participar. Se puede encargar a un equipo de tutores ―algunos quizás provenientes de otras comunidades o agrupaciones― que implementen la campaña. Estos amigos deben pensar de manera creativa en cómo llevar a cabo los componentes prácticos y acompañar a los participantes para iniciar o ampliar sus actos de servicio. Cuando se ofrecen en una localidad, las campañas no sólo aumentan los recursos humanos de una comunidad en un corto período de tiempo, sino que también elevan la capacidad local para apoyar las actividades del instituto y vigorizar las labores de enseñanza y consolidación mediante las actividades de práctica y de servicio de los participantes.

El tener un registro de todos los círculos de estudio y campañas de instituto ayuda a las agencias de una agrupación a recurrir a los participantes para las labores de enseñanza, consolidación y construcción de comunidad. De vez en cuando, las agencias pueden reunir a todos los que estudian cursos del instituto para reflexionar con ellos sobre sus estudios y servicios, reforzar su compromiso y ayudarlos a integrarse en la vida de la comunidad. En cuanto al instituto de capacitación, su responsabilidad consiste en diseñar ―en función de las circunstancias locales― un enfoque de la entrega de los cursos que combine de manera coherente los círculos de estudio y las campañas de instituto, de modo que la capacidad de ayudar a que un número siempre creciente de personas avance a lo largo de la secuencia de cursos pueda seguir creciendo y se manifieste en un proceso de construcción de comunidad cada vez más dinámico.

1.3 Coordinar la secuencia principal de cursos

La eficacia del instituto de capacitación depende en gran medida de que exista en cada momento del progreso de una agrupación un arreglo efectivo para el apoyo de los tutores, ya sean visitantes o de la localidad. Cuando un programa de crecimiento todavía es incipiente, el apoyo puede venir de un pionero de frente interno, un tutor veterano o un coordinador de una agrupación vecina, un miembro del Cuerpo Auxiliar o un ayudante, o un coordinador regional o nacional. A medida que más amigos de la localidad comienzan a servir como tutores, los que tienen más experiencia entre ellos complementan esa asistencia externa empezando a ayudar a otros. A menudo, después de que una agrupación ha superado el segundo hito, el número de tutores locales empieza a aumentar notablemente y se nombra un coordinador local de entre los tutores más dispuestos a ayudar a otros en sus servicios. En sus esfuerzos por acompañar a los tutores, este coordinador podría seguir beneficiándose del apoyo de un colega más veterano de una agrupación avanzada o de un coordinador regional o nacional, por un lado, y por el otro de la ayuda de tutores locales capaces con los que colabora. En una agrupación que ha superado el tercer hito, en la que el número de tutores crece todavía más, se puede nombrar uno o dos coordinadores más para la secuencia principal, de entre los colaboradores. Sin embargo, no es razonable esperar que, a medida que una agrupación avanza, «la capacidad se desarrolle simplemente asignándole más y más coordinadores».23 El fortalecimiento de la ayuda y el apoyo mutuos entre los tutores garantiza que cada uno de ellos esté siempre recibiendo el apoyo adecuado.

Independientemente del alcance del proceso de construcción de comunidad de una agrupación y de las medidas establecidas para apoyar a los tutores, las preocupaciones que determinan las labores de los coordinadores son en gran medida las mismas. En general, garantizan que se eleve el número de los que sirven como tutores y que aumente la capacidad entre ellos para ofrecer la gama completa de cursos del instituto. Prestan especial atención a la promoción del estudio del Libro 7, ayudan a los tutores a formar círculos de estudio, y a aprender a facilitar el estudio de los cursos y a implementar los componentes prácticos de manera efectiva. Los nuevos tutores, en especial, requieren ayuda para invitar a la gente a estudiar los cursos del instituto y para posibilitar que los participantes comprendan el propósito y el funcionamiento de un círculo de estudio. A menudo también se benefician de recibir ayuda para facilitar las primeras secciones de cualquier curso que estén ofreciendo. Mediante este apoyo, los tutores llegan a percibir que los individuos persisten en sus estudios cuando ven que aumenta su propia comprensión, que realzan sus capacidades para el servicio, y que participan en interacciones espiritualmente enriquecedoras. Para ayudar a los tutores a fomentar estas condiciones en sus círculos de estudio, los coordinadores, tal como se dijo anteriormente, cultivan la colaboración amorosa entre los tutores, trabajan junto a ellos sobre el terreno y los reúnen en encuentros para la reflexión.

Dependiendo de las circunstancias sobre el terreno, se podría nombrar primero a cualquiera de los coordinadores de los tres imperativos educativos: la secuencia principal de cursos, el programa de prejóvenes y el programa de educación espiritual de los niños. Inicialmente, esta persona podría también hacer un seguimiento de las demás actividades hasta que surjan otros coordinadores. Y cuando están todos ya en sus puestos, aprenden a complementarse unos a otros y periódicamente «examinar juntos la fortaleza del proceso educativo como un todo»24. Colaborando con los miembros del Comité de Enseñanza de Área y con los miembros del Cuerpo Auxiliar y sus ayudantes, los coordinadores —ya sean uno o varios— contribuyen a evaluar el progreso del proceso de construcción de comunidad y a garantizar que las actividades en la agrupación avancen de manera coherente. Por ejemplo, cuando el Comité de Enseñanza del Área promueve durante cada ciclo una amplia gama de conversaciones sobre las enseñanzas, es de esperar que aumente el número de personas que comienzan a estudiar los cursos. Igualmente, cuando el coordinador de la secuencia principal mantiene al Comité informado de todos los círculos de estudio y campañas de instituto que tienen lugar, el Comité puede recurrir a los participantes para promover la labor de enseñanza.

A nivel regional o nacional, los coordinadores de la secuencia principal de cursos se cuidan de que en cada agrupación exista un arreglo para apoyar a los tutores y que este no sólo sea efectivo sino que también se adapte y amplíe en respuesta al crecimiento. En vista de ello, garantizan el nombramiento oportuno de los coordinadores de agrupación. Trabajando junto con los coordinadores de agrupación sobre el terreno, y reuniéndolos en encuentros para la reflexión, ayudan a estos amigos a seguir desarrollando su capacidad de apoyar a los tutores. Reconociendo la necesidad de que todos los coordinadores a nivel de agrupación se beneficien de lo que se está aprendiendo en la región o el país, los coordinadores organizan interacciones entre los coordinadores de agrupación, que a menudo incluyen visitas a las agrupaciones donde se está generando experiencia pertinente. Para una región o un país pequeño, un coordinador puede ser suficiente. Para uno más grande, con el tiempo se necesitan dos o más, y cada uno puede asignarse a un área de la región o del país. Como es el caso a nivel de agrupación, los coordinadores regionales o nacionales de la secuencia principal también laboran estrechamente con los coordinadores del programa de prejóvenes y el programa para la educación espiritual de los niños, al mismo tiempo que colaboran con el Consejo Regional Bahá’í, si lo hubiera, y los miembros del Cuerpo Auxiliar. Además, desempeñan un papel fundamental en los procesos consultivos y de planificación a nivel regional o nacional.

  1. EL PROGRAMA DE EMPODERAMIENTO ESPIRITUAL DE LOS PREJÓVENES

Cuando en su mensaje de fecha 27 de diciembre de 2005 la Casa Universal de Justicia instó a todas las Asambleas Espirituales Nacionales a que «consideren los grupos juveniles establecidos en los programas llevados a cabo por los institutos de capacitación como la cuarta actividad básica»,25 se dio un nuevo ímpetu a la expansión de este imperativo educativo esencial. El progreso realizado desde entonces ha sido impresionante. Los institutos de capacitación de casi todas las comunidades nacionales bahá’ís del mundo están ahora implementando el programa, aunque a diferentes niveles de desarrollo cuantitativo y cualitativo. A nivel global, más de 550.000 prejóvenes han estudiado ya al menos el primer texto del programa. Los que actualmente están participando en el programa superan los 150.000, distribuidos en más de 17.000 grupos. Miles de jóvenes, que encuentran en el programa prejuvenil «un campo de acción ideal para ayudar a los que son más jóvenes que ellos a resistir las fuerzas corrosivas dirigidas a ellos de manera especial»,26 están sirviendo como animadores de los grupos, y cientos de ellos como coordinadores o asistentes de los coordinadores. Aunque la expansión ha sido más notable en algunas partes del mundo que en otras, los grupos de prejóvenes generalmente han encontrado suelo fértil en toda una gama de realidades sociales, desde pequeños pueblos hasta barrios de grandes ciudades metropolitanas. Más de 2.600 agrupaciones con un programa de crecimiento tienen por lo menos un grupo de prejóvenes, y unas 70 cuentan con 30 grupos o más, con 300 o más participantes.

A pesar del progreso logrado, la capacidad de ofrecer el programa en una agrupación tras otra debe crecer todavía más. Dos grandes realidades son aparentes a este respecto: las agrupaciones donde los amigos se están esforzando por establecer un programa intensivo de crecimiento, donde el programa de prejóvenes puede estar en sus primeras etapas; y las agrupaciones donde los amigos están laborando para acoger a grandes números de personas, donde existe cierta capacidad básica sobre la que los amigos están construyendo.

2.1 Agrupaciones donde los amigos están estableciendo un programa intensivo de crecimiento

El conocimiento cosechado de los esfuerzos alrededor de todo el mundo hace posible visualizar con mayor claridad la senda del progreso del programa de prejóvenes en una agrupación. Los institutos tienen ahora que aplicar el entendimiento disponible a los esfuerzos por establecer firmemente grupos de prejóvenes en todas las agrupaciones con programas de crecimiento. Ya sea que los esfuerzos iniciales comiencen con jóvenes de familias bahá’ís o con los de la comunidad en general, lo que hay que lograr en estas agrupaciones puede concebirse como una ayuda a los amigos del lugar para desarrollar la capacidad básica necesaria para establecer el programa sobre una base suficientemente sólida, sobre la que pueda crecer para edificar a cientos de prejóvenes y revitalizar comunidades enteras. No se trata de una tarea fácil. Numéricamente, a menudo significa atraer y mantener entre 50 y 100 prejóvenes en unos 5 a 10 grupos, capacidad que actualmente está presente en unas 600 agrupaciones en todo el mundo.

La experiencia indica que existen varias dimensiones en la capacidad requerida. Principalmente, en cada agrupación va emergiendo un grupo creciente de amigos dedicados al empoderamiento espiritual de los prejóvenes. El crecimiento del programa se facilita mucho cuando estos amigos, por muy pocos que sean, aprenden a leer con precisión la realidad de su comunidad y a identificar los factores locales que podrían impulsar el programa o detener su progreso. Los amigos se vuelven cada vez más capaces de conversar con la comunidad sobre el empoderamiento de los prejóvenes, una conversación que se sustenta principalmente en las enseñanzas de la Fe relativas a este grupo de edad, la mayoría de las cuales se articulan claramente en el Libro 5 de la secuencia de cursos. Esta conversación también ofrece la oportunidad de reflexionar sobre ciertos elementos de la cultura de la población que son conducentes o contrarios al empoderamiento espiritual de la gente joven. También es importante involucrar a un número cada vez mayor de jóvenes en conversaciones sistemáticas sobre «la contribución que pueden aportar al mejoramiento de la sociedad»27 y «atender a las necesidades de otros, especialmente las de generaciones más jóvenes».28 Un aspecto esencial que se fomenta desde el principio es invitar a los jóvenes a estudiar los cursos del instituto, y esto sólo es posible cuando hay tutores capaces del Libro 5 disponibles en cada agrupación, ya sean visitantes o de la misma localidad. El estudio de este curso es más efectivo cuando se tienen en cuenta las condiciones y la experiencia de los jóvenes en el momento en el que se determina cómo ofrecerlo.

Una vez que se han formado unos cuantos grupos, mantenerlos depende de la forma en que se acompaña a los animadores para que aprendan a facilitar el estudio de los textos de prejóvenes de manera efectiva y complementarlo con actividades artísticas, interacción social y proyectos de servicio. Emparejarlos con animadores experimentados cuando sea posible, reunirlos en encuentros periódicos para revisar los textos, ayudarlos a aprender de otros que tienen más experiencia, y reunirlos en ocasiones para estudiar los cursos del instituto y los textos de los prejóvenes, han demostrado ser ―todas ellas― maneras efectivas de apoyarlos. Para que los animadores crezcan en su capacidad no sólo de ayudar a los prejóvenes, sino también de contribuir de diversas maneras a mejorar sus comunidades, hay que ayudarlos progresivamente a apreciar todo el alcance del proceso de construcción de comunidad que se está desplegando a nivel local, y el contexto en el que se está desarrollando el programa de prejóvenes.

Ayudar a más y más jóvenes a servir como animadores contribuye tanto a un aumento del número de grupos como también a la estabilidad y la resistencia del programa. Con más animadores capacitados, los que se marchan pueden reemplazarse fácilmente, y si un animador no puede facilitar el estudio de un texto en particular interviene un colega con experiencia. Cuando los prejóvenes de los grupos de un pueblo o barrio, o incluso de una agrupación, se perciben como participantes inscritos en un mismo sistema educativo, y sus animadores como colaboradores que los apoyan a todos, las ocasiones para reunirse a estudiar algunos de los textos en campamentos o a implementar proyectos de servicio se convierten en un elemento más distintivo del programa dentro de una agrupación.

El programa se fortalece cuando los que lo supervisan en una agrupación tienen expectativas claras y razonables de lo que se puede lograr en el curso de un año. Actualmente hay nueve textos a disposición de los prejóvenes. Aunque en la actualidad se prevé que los prejóvenes estudien por lo menos tres textos en el primer año, a veces resulta difícil establecer un ritmo de estudio que garantice este progreso. Este desafío se resuelve mejor cuando la forma en que se implementa el programa toma en cuenta las circunstancias tanto de los jóvenes como de los prejóvenes de la comunidad, las diversas actividades en las que participan en la escuela y en casa, el estilo general de vida de su comunidad, y los períodos del año de mayor o menor actividad. Esta comprensión sienta las bases de cómo un grupo de prejóvenes de una agrupación avanzará en el estudio de los textos durante el año; cuándo, por ejemplo, estudiarán a un ritmo normal en sus grupos y cuándo se reunirán todos en campamentos de estudio y servicio intensivos.

Otro aspecto de la capacidad para establecer un programa sólido y en constante expansión en una agrupación es la participación de los padres y de toda la comunidad. Las conversaciones que tienen lugar cuando se forma un grupo, y que continúan a lo largo de su vida, ayudan a crear unidad de visión, pensamiento y acción. Las ocasiones en que los padres se reúnen y la comunidad concurre para reflexionar sobre el progreso y los esfuerzos de los prejóvenes amplían esta conversación e infunden la vitalidad necesaria al programa. Cuando consultan, los padres y los animadores exploran juntos los conceptos subyacentes al programa, los esfuerzos por promover grupos de prejóvenes en la comunidad y con otras familias, las maneras de adquirir los materiales esenciales, y los medios para movilizar recursos para campamentos y otros esfuerzos colectivos.

A medida que cada agrupación avanza hacia el segundo hito y más allá, los institutos de capacitación en todas partes se centrarán en desarrollar la capacidad para elevar el programa de prejóvenes a este nivel básico. Para ayudarles en este sentido, la Oficina de Desarrollo Social y Económico del Centro Mundial Bahá’í ha recogido las percepciones y las reflexiones generadas hasta ahora en un documento titulado Desarrollar la capacidad para lograr la participación de 50 a 100 prejóvenes en un programa de empoderamiento espiritual. Las observaciones anteriores resumen algunos de los contenidos de este documento. Se espera que lo estudien todos los amigos que promueven el programa a nivel nacional, regional y de agrupación.

2.2 Agrupaciones donde los amigos están aprendiendo a acoger a grandes números de personas

En todas las agrupaciones donde la capacidad descrita arriba está presente, los amigos se esfuerzan ahora por cultivar más las correspondientes habilidades interrelacionadas. Están aumentando la capacidad de integrar por lo menos a unos cuantos centenares de prejóvenes en decenas de grupos, llegando así a unos 300 prejóvenes en unos 30 grupos. Una pregunta que se les plantea a este respecto es cómo mejorar la capacidad de levantar a un número creciente de animadores en barrios y pueblos que se están convirtiendo en centros de actividad intensa, algunos de los cuales pueden estar listos para integrar en los grupos a la mayoría ―si no la totalidad― de los prejóvenes de la localidad. En los inicios del desarrollo de la agrupación, uno o dos tutores del Libro 5 pudieron bastar para levantar el primer grupo de animadores. Ahora, se necesitan más de estos tutores si se quiere que un número cada vez mayor de jóvenes y, más allá de ellos, los padres y los miembros de las instituciones locales, estudien el curso. También se hace más pronunciada la atención a la calidad de los grupos prejuveniles. Se acompaña de cerca a los animadores para aprender cómo ayudar de manera consciente a los prejóvenes a mejorar su poder de expresión, la agudeza de su percepción y la profundidad de sus interacciones. Se piensa continuamente y de manera creativa en los proyectos de servicio iniciados por los grupos. Atrayendo a otros miembros de la comunidad a estos proyectos, las iniciativas que muestran gran promesa se mantienen a lo largo de más tiempo. Con este avance, el programa prejuvenil atrae el apoyo de muchos de los habitantes y líderes locales, quienes prestan ayuda de diversas maneras. Además, con el tiempo surgen oportunidades para formar grupos de prejóvenes en otros entornos, como escuelas y centros comunitarios. De estas diversas maneras, cada aspecto de la experiencia de aprendizaje en la que están inmersos los jóvenes afecta notablemente su vida y la de la comunidad en su conjunto.

Además de acompañarlos en su servicio, también se apoya de otras maneras a los jóvenes que sirven como animadores. En el contexto de su servicio a la Fe y a la comunidad, se les anima, por ejemplo, en su educación formal y se les ayuda a reflexionar sobre las perspectivas de estudios superiores y desarrollo profesional que tienen ante sí. En las reuniones de reflexión, los animadores consultan también sobre estos temas y sobre otras aspiraciones nobles. En todo ello reciben la ayuda no sólo de los coordinadores del instituto sino también de otras instituciones y agencias de la Fe, como los miembros del Cuerpo Auxiliar y las Asambleas Espirituales Locales.

En una comunidad en la que el programa ha alcanzado tal nivel de progreso cuantitativo y cualitativo, proliferan conversaciones fecundas sobre el bienestar moral e intelectual de los jóvenes. Estas conversaciones tienen lugar en los hogares y en ocasiones como las reuniones devocionales, reuniones comunitarias y conferencias institucionales. También se convierten en una característica de la fase de expansión del ciclo de actividades. Poco a poco, los conceptos, los fines y objetivos fundamentales del programa llegan a expresarse a través de otros medios de comunicación, como por ejemplo el teatro, la música o el cine. En lugares donde el programa funciona a este nivel, grandes números de animadores están manteniendo sus esfuerzos año tras año y cada vez más jóvenes continúan en los grupos durante los tres años de duración del programa. Un número cada vez mayor de ellos está empezando a entrar en la secuencia principal de cursos y a ofrecer actos de servicio.

Tal como se ha mencionado, existen alrededor de 70 agrupaciones en todo el mundo donde el programa está alcanzando este nivel de desarrollo y los amigos están integrando a más de 300 prejóvenes en los grupos. En algunas de estas agrupaciones el número de participantes supera incluso los mil. Lograr el progreso descrito anteriormente en varios centenares de agrupaciones más, donde los amigos están aprendiendo a acoger a grandes números de personas, es un aspecto importante del Plan actual. La parte que han de desempeñar los sitios de aprendizaje a este respecto es crítica, ya que aseguran que el proceso de aprendizaje asociado con cada etapa siguiente del crecimiento del programa se haga llegar a las agrupaciones con las que están asociados y se sistematice de manera efectiva en ellas. Y, en la medida de la capacidad existente, colaboran con los institutos de capacitación para llevar el trabajo a otras agrupaciones avanzadas.

2.3 La coordinación de los grupos de prejóvenes

Todos estos esfuerzos dependen de que en cada punto del desarrollo del programa haya un esquema para acompañar a los animadores que se ajuste con las necesidades. A medida que los grupos se multiplican y se consolidan más, el esquema organizativo establecido evoluciona en complejidad. En las primeras etapas, el apoyo de una persona con experiencia de una agrupación cercana puede ser suficiente. Esto pronto se complementa con animadores que trabajan en equipos y con la asistencia de los más experimentados entre ellos. Con el tiempo, se nombra uno o más coordinadores de entre los animadores de la localidad. A medida que asumen sus responsabilidades, aprenden de los coordinadores veteranos de agrupaciones más avanzadas y colaboran de cerca con el coordinador de la secuencia principal y el de las clases para niños de la agrupación, cuando y donde los hubiera.

A nivel regional o nacional, un coordinador es nombrado normalmente de entre los coordinadores de agrupación con más experiencia. A medida que aumenta el número de grupos de prejóvenes en toda la región o el país, se nombra uno o dos coordinadores más. Los coordinadores regionales o nacionales trabajan con los coordinadores de agrupación sobre el terreno y los reúnen en encuentros para la reflexión. La capacidad para apoyar el programa avanza considerablemente cuando surge un equipo a nivel regional o nacional compuesto por los coordinadores y otras personas con experiencia que, en colaboración con los miembros del Cuerpo Auxiliar, tienen una visión clara del crecimiento del programa en toda la región o país. Como es el caso a nivel de agrupación, una estrecha colaboración con los coordinadores de la secuencia principal y del programa de educación de los niños es un aspecto importante del modo de funcionamiento a nivel regional o nacional.

Además, para que la capacidad crezca, el instituto y el sitio de aprendizaje ―donde lo haya― fomentan una colaboración dinámica. Los coordinadores regionales o nacionales y las personas recurso trabajan juntos sobre el terreno y aprenden unos de otros a través de espacios como seminarios de sitios de aprendizaje y reuniones de instituto. El conocimiento y la experiencia que emergen de la red de agrupaciones asociadas a un sitio de aprendizaje se transfieren al instituto de capacitación, y las percepciones generadas por el instituto de capacitación en torno a la ampliación del alcance del programa se comparten con los sitios de aprendizaje.

  1. EL PROGRAMA DE EDUCACIÓN ESPIRITUAL DE LOS NIÑOS

Tal como ha declarado la Casa Universal de Justicia, «desde hace mucho tiempo la preocupación por la educación espiritual de los niños ha sido un elemento de la cultura de la comunidad bahá’í».29 A lo largo del último Plan, el número de niños que participaron en las clases aumentó significativamente, llegando a más de 210.000 en todo el mundo. Entre los factores que han contribuido a este crecimiento figuran la creciente capacidad de los institutos para capacitar a los maestros y ayudarlos a formar clases, y los mecanismos en expansión para apoyar su servicio y su desarrollo. Sin embargo, fundamentalmente, lo que ha dado el impulso principal es la creciente dedicación de individuos e instituciones —de hecho de la comunidad en su conjunto— para cultivar y empoderar espiritualmente a sus miembros jóvenes. Ello es evidente en el hecho de que el número de clases para niños ha aumentado más en aquellas agrupaciones donde los grupos de prejóvenes también se han multiplicado de manera constante.

El objetivo del Plan actual de intensificar más el proceso de construcción de comunidad en 5.000 agrupaciones en todo el mundo requiere un marcado desarrollo de la capacidad de educar espiritualmente a los niños. Algunas de las exigencias específicas a este respecto están relacionadas con las agrupaciones donde los amigos se están esforzando por establecer un programa intensivo de crecimiento. En la mayoría de estas agrupaciones, la experiencia con respecto a las clases para niños sigue siendo mayormente rudimentaria. Otras exigencias están relacionadas con aquellas agrupaciones donde los amigos están aprendiendo a acoger a grandes números de personas, donde en la actualidad tienen lugar la mayoría de las clases para niños.

3.1 Agrupaciones donde los amigos están estableciendo un programa intensivo de crecimiento

En agrupaciones donde la experiencia de los amigos con respecto a las clases para niños está en sus etapas iniciales, una de las principales necesidades es formar unas cuantas clases de manera orgánica sobre la base de actividades que ya haya en marcha. Entre los que participan en las actividades básicas y en las conversaciones en curso, se capacita como maestros a unas cuantas personas que muestran interés en enseñar a los niños, y se les ayuda a formar las dos o tres primeras clases.

En cada agrupación con unas cuantas clases, un pequeño equipo de maestros está aprendiendo a impartir el primer grado, lección tras lección, a menudo a niños de edades diferentes. Sin embargo, lo que está sucediendo va mucho más allá. Se está poniendo en marcha una conversación sobre «el valor de la educación bahá’í y de una adecuada formación espiritual»;30 los padres y maestros están estableciendo una relación de colaboración; y las clases mismas se están convirtiendo en un medio para inspirar a otras personas de la comunidad que se sienten atraídas hacia esta área de servicio. Además, entre los maestros, los padres y otras personas está surgiendo un equipo de amigos que con el tiempo podría asumir diversas responsabilidades relacionadas con la promoción de clases para niños.

A medida que las clases crecen cuantitativa y cualitativamente, el instituto fortalece su habilidad para capacitar a un número siempre creciente de maestros y ayudarlos a aprender a enseñar grado tras grado. Poco a poco se va construyendo un esquema organizativo básico, y se establece progresivamente un modelo de colaboración entre maestros, padres e instituciones.

3.1.1 Levantar el primer contingente de maestros

Parte de los primeros esfuerzos para aumentar el número de amigos de cada agrupación que imparten las clases para niños es levantar tutores en el país o región que puedan facilitar eficazmente el estudio del Libro 3 de la secuencia de cursos. Inicialmente, la mayoría de estas personas provienen de los maestros y tutores con experiencia de agrupaciones más avanzadas. Cuando aprenden a ofrecer el Libro 3 de manera que eleva la comprensión de los participantes, aumenta su compromiso con la educación de los niños y agudiza sus destrezas y habilidades, la educación espiritual de los niños se establece sobre una base sólida.

Aunque los primeros maestros de una agrupación pueden provenir de cualquier segmento de la población, las madres jóvenes y los jóvenes —tanto muchachos como muchachas— suelen ser los primeros en responder. Las madres aportan al empeño su experiencia en la crianza de los hijos y entablan más fácilmente conversaciones pertinentes con otros padres. En cuanto a los jóvenes, cuando participan en conversaciones profundas sobre su responsabilidad para con la comunidad, responden de manera particularmente favorable al invitarles a trabajar con niños y prejóvenes. La formación de un equipo de unas cuantas madres y jóvenes que colaboran para impartir las primeras clases es una posibilidad al alcance de cualquier agrupación.

En cuanto a la capacitación, se prevé, por supuesto, que aquellos que enseñan a los niños deberán haber estudiado por lo menos los tres primeros cursos de la secuencia. Todas las cualidades y habilidades tratadas en estos tres cursos, entre ellas el desarrollo de una identidad y hábitos espirituales, la participación en conversaciones sistemáticas y la enseñanza de una clase sencilla para niños, son relevantes para un maestro de clases para niños. No obstante, se requiere cierta flexibilidad en la manera en que las personas avanzan a lo largo de estos cursos durante las primeras etapas. Los amigos interesados en la enseñanza de los niños a veces han estudiado el primer y tercer curso, han iniciado clases y luego han procedido a estudiar el segundo curso y otros. En algunos casos, la formación de las clases para niños se integra en el estudio del Libro 3, de modo que para cuando los maestros terminan el curso, ya han comenzado algunas clases. Cualquier enfoque que se adopte inicialmente dependerá de la experiencia y las circunstancias de las personas comprometidas, y del apoyo disponible.

3.1.2 Funcionamiento de las clases

En una primera etapa, las principales cuestiones relacionadas con el funcionamiento de las clases para niños incluyen ayudar a los maestros a mantener las clases con regularidad creciente, volverse experimentados en el manejo de los diversos componentes de las lecciones del primer grado y fortalecer las relaciones con los padres. En este sentido, los maestros se reúnen a menudo para repasar las lecciones, explorar sus principales objetivos espirituales, compartir experiencias y determinar cómo ayudarse unos a otros. Para continuar ampliando su capacidad, los maestros persisten en su estudio de los cursos del instituto. A medida que se acumula experiencia apropiada, se fortalece el compromiso de los maestros de educar espiritualmente a los niños, así como el de los padres y de la comunidad en general. Esto permite que la comunidad mantenga las primeras clases establecidas.

La habilidad de los maestros para colaborar con los padres es otra cuestión relevante en esta etapa inicial. Los maestros aprenden a visitar periódicamente a los padres en sus hogares para familiarizarlos con el progreso que se está realizando y obtener cualquier ayuda que sea necesaria. Los esfuerzos para mejorar esta relación vital se integran sin interrupción en las diversas actividades relacionadas con la implementación del programa. Por ejemplo, maestros y padres estudian o repasan juntos secciones del Libro 3, y los padres se unen de vez en cuando a los maestros cuando éstos se reúnen para reflexionar. Como consecuencia, los maestros y los padres están cada vez más comprometidos en una conversación que fomenta entre ellos un profundo sentido de solidaridad. Esta conversación se extiende gradualmente dentro de la comunidad, promoviendo amistad entre las familias e interacciones en diversos espacios, incluidas las reuniones devocionales, que sirven para atraer los corazones de los niños y los padres a Bahá’u’lláh.

3.2 Agrupaciones donde los amigos están aprendiendo a acoger a grandes números de personas

En agrupaciones avanzadas, los institutos se apoyan en las capacidades desarrolladas hasta el momento para incrementar significativamente el número de niños que reciben educación espiritual y organizarlos dentro de un programa sistemático. La capacitación de maestros sigue ampliándose; los maestros están aprendiendo a impartir los tres primeros grados y los siguientes, a medida que se van publicando, y las clases se formalizan cada vez más. Además, está emergiendo un modelo de coordinación que permite acompañar a un número cada vez mayor de maestros en barrios y pueblos. En estos contextos, el desarrollo de las clases para niños está contribuyendo notablemente al proceso de construcción de comunidad.

3.2.1 La capacitación de maestros y la progresión de los niños de un grado al siguiente

Las clases para niños se multiplican significativamente a medida que aumenta el número de personas que avanzan a lo largo de la secuencia de cursos, y algunos de ellos se unen al grupo inicial de maestros para educar espiritualmente a más y más niños. Éste es el caso especialmente en las agrupaciones donde los amigos son capaces de incorporar a un número cada vez mayor de jóvenes en conversaciones significativas y ayudarles a estudiar los cursos del instituto.

A medida que los maestros aprenden a organizar las clases del Grado 1, continúan avanzando a lo largo de la secuencia principal de cursos. Al mismo tiempo, se les ayuda a estudiar los cursos derivados del Libro 3, que los preparan para impartir los grados posteriores de las clases para las que se dispone de materiales en la actualidad. Las cualidades, destrezas y habilidades de los maestros se perfeccionan más a medida que se reúnen periódicamente en reuniones de reflexión.

La experiencia adquirida a partir de la enseñanza de las clases semana tras semana y la comprensión obtenida de la participación con otros en reuniones de reflexión permiten que los maestros aprecien mejor la naturaleza especial del servicio que están prestando. Su relación con los padres de los niños se fortalece a medida que interactúan con ellos con mayor regularidad, ya sea mediante visitas a los hogares, reuniones de consulta especiales o encuentros para la reflexión. Además, su capacidad para contribuir al proceso de construcción de comunidad en marcha avanza de manera significativa cuando participan en diversas reuniones en las que la comunidad consulta, reflexiona y planifica. Todos estos factores se combinan para fortalecer la dedicación de los maestros a los objetivos del programa, agudizar la visión de su desarrollo, y consolidar su determinación de continuar con sus esfuerzos año tras año.

3.2.2 Mayor formalización de las clases

El incremento del número de niños que reciben educación espiritual requiere una mayor formalización de las clases. La distribución de los niños en clases con base en su edad, el esbozo de un calendario anual y la convocatoria de ocasiones especiales, como por ejemplo festivales para niños, son algunos de los elementos de un sistema formal que recibe la debida atención. Si bien anteriormente las clases pudieran haber incluido a niños de diferentes edades, se forman clases para distintos grupos de edad a medida que hay un número mayor de maestros disponibles en la localidad. Se establece un calendario anual consistente con el estilo de vida de la población, detallando en qué momento del año comienzan generalmente las clases, cuándo se hace una pausa y cuándo finalizan, al tiempo que se toman medidas para dar cabida a nuevas clases que se van formando en cualquier momento del año. El calendario también podría incluir fechas para las reuniones de reflexión de los maestros y otros eventos de la agrupación que requieren la participación de maestros y niños. A lo largo del año se llevan a cabo algunas reuniones formales en las que participan los maestros, los niños y sus familias, miembros de las instituciones y otras personas interesadas de la comunidad. Se comparten con los asistentes los logros de los niños, se reconocen los esfuerzos tanto de los niños como de los maestros, y cuando los niños y los maestros pasan de un grado al siguiente, se muestra algún reconocimiento de este logro. Además, a medida que los niños avanzan a través de las clases, se da la bienvenida al programa de prejóvenes a aquellos que cumplen los 12 años de edad.

3.3 La coordinación de las clases para niños

Durante las primeras etapas del desarrollo del programa, los maestros, por muy pocos que sean, aprenden a funcionar como un equipo que se reúne regularmente. Inicialmente, las reuniones del equipo podrían estar encabezadas por los más experimentados entre ellos. A veces los institutos regionales han asignado a cada agrupación un maestro veterano o un coordinador de una agrupación avanzada ―o bien el miembro del Cuerpo Auxiliar podría designar a un ayudante capaz― para que visite a los maestros con regularidad y los acompañe en sus labores. La dedicación entre los maestros aumenta cuando se les permite interactuar con un grupo más numeroso de sus colegas a través de reuniones facilitadas en agrupaciones cercanas más avanzadas.

A medida que el número de maestros crece y su experiencia se consolida, se designa formalmente como coordinador a uno de ellos con capacidad demostrada para ayudar a otros. Por supuesto, esta persona podría seguir recibiendo la ayuda de un coordinador con experiencia de otra agrupación, a medida que asume más formalmente las tareas de apoyo a otros.

La continua multiplicación de las clases en agrupaciones donde amigos están aprendiendo a acoger a grandes números de personas en el proceso de construcción de comunidad impone exigencias cada vez mayores al sistema de coordinación. Aquí, la habilidad de los maestros para trabajar en equipo requiere fortalecimiento continuo, al igual que la habilidad de los maestros con experiencia para ayudar a los nuevos maestros, o a aquellos que comienzan a impartir un nuevo grado. Mientras que un coordinador ―tal vez trabajando con un pequeño equipo de colaboradores― puede apoyar a unos 10 a 15 maestros, a menudo se requiere un coordinador adicional a medida que sigue aumentando el número de clases. En cualquier caso, con el tiempo

Los institutos de capacitación: lograr un nivel más elevado Página 21 de funcionamiento surge un esquema organizativo en una agrupación avanzada que da cabida a equipos de maestros que colaboran entre sí, maestros con experiencia que ayudan a los coordinadores a apoyar a otros, y cierto número de coordinadores que garantizan que las clases se mantienen, la capacidad de los maestros sigue creciendo, y las familias y toda la comunidad están debidamente involucradas.

A nivel regional o nacional, la principal preocupación es, por supuesto, garantizar que los amigos de cada agrupación reciban apoyo, para que, independientemente del nivel de desarrollo de la agrupación, las clases para niños aumenten tanto en número como en efectividad. Como se ha demostrado, levantar tutores del Libro 3 y garantizar que estén disponibles en todas las agrupaciones es un aspecto indispensable del apoyo brindado. Otro aspecto es asegurarse de que cada agrupación cuente con algún esquema organizativo, incluido el recurrir a coordinadores y personas con experiencia de otras agrupaciones, según sea necesario. A medida que aparecen coordinadores en una agrupación tras otra, los que prestan servicio a nivel regional o nacional los ayudan sobre el terreno, y los reúnen en encuentros para la reflexión que abordan interrogantes relacionadas con la etapa de desarrollo de las clases para niños en su agrupación. Se proporcionan todos los materiales a los maestros y a los niños de todas las edades, en cantidades suficientes y en los idiomas pertinentes. La atención cuidadosa al flujo de conocimiento proveniente de agrupaciones avanzadas donde se está generando un mayor abanico de experiencias hace posible que otras agrupaciones se beneficien y avancen con rapidez. Y, como sucede con la secuencia principal de cursos y el programa de prejóvenes, con el tiempo surge un equipo a nivel regional o nacional compuesto por los coordinadores y otras personas con experiencia que, en colaboración con los miembros del Cuerpo Auxiliar, acrecienta su capacidad de seguir el desarrollo del programa.

  1. CAPACIDAD INSTITUCIONAL

El progreso de todos y cada uno de los programas del instituto depende en última instancia de la fortaleza del instituto como agencia de la Fe que funciona a nivel de un país o una región. En la actualidad hay más de 300 institutos de capacitación en todo el mundo, que abarcan desde los de países pequeños con un puñado de agrupaciones con un programa de crecimiento hasta los de grandes regiones donde el número de tales agrupaciones podría superar un centenar. En casi todos los casos, estos institutos funcionan bajo una junta directiva. Aunque en general todas las juntas tienen las mismas responsabilidades, sus funciones concretas varían según el alcance del trabajo del instituto. En cualquier caso, es fundamental que los miembros de una junta, los coordinadores nacionales o regionales, los miembros del Cuerpo Auxiliar y un grupo de creyentes con la experiencia relevante aprendan a colaborar eficazmente para apoyar las diversas responsabilidades del instituto.

Con independencia del alcance de la labor del instituto, la junta y aquellos con los que colabora estrechamente en una región o país se esfuerzan por potenciar una serie de capacidades institucionales relacionadas. Laboran por formular una visión clara del progreso de los procesos educativos, fomentar la capacidad de aprender sistemáticamente y difundir los conocimientos acumulados, y apoyar una evolución saludable de los esquemas organizativos del instituto a nivel de agrupación y regional. También laboran por levantar recursos humanos capaces para los diversos objetivos del instituto, gestionar de manera efectiva los recursos económicos y materiales, y hacer frente a las necesidades administrativas pertinentes, especialmente en relación con el personal del instituto y las estadísticas. La complejidad de cada uno de estos temas crece naturalmente a medida que el proceso de construcción de comunidad avanza en un número creciente de agrupaciones dentro de una región.

4.1 Formular una visión

Los mensajes de la Casa Universal de Justicia facilitan, por supuesto, la guía para fomentar el crecimiento de la Fe en su etapa actual de desarrollo. A medida que los amigos estudian la guía, leen la realidad de su país o región y reflexionan sobre su experiencia, pueden formular una visión centrada en el avance de los dos movimientos esenciales que se encuentran en el corazón del proceso de crecimiento: el flujo constante de personas a lo largo de la secuencia de cursos ofrecidos por el instituto de capacitación, y el movimiento de agrupaciones a lo largo de un continuo de desarrollo. En el contexto de esta visión general para el país o la región, el instituto articula su propia visión particular de la educación espiritual de los amigos durante la vigencia del Plan. Esto podría incluir no sólo lo que es posible lograr en cada agrupación con respecto a los tres imperativos educativos, sino también las principales estrategias y enfoques a seguir. El instituto formula entonces un plan y un presupuesto cada año, y un plan de funcionamiento cada ciclo. Allí donde la capacidad para esta planificación metódica está bien desarrollada, la labor del instituto se caracteriza por la claridad de pensamiento y la acción sistemática. Sus líneas de acción están bien definidas y las consultas entre los amigos a la vanguardia de su funcionamiento son prácticas y al mismo tiempo visionarias.

4.2 El aprendizaje y la habilidad de diseminar el conocimiento acumulado

Los miembros de la junta del instituto colaboran con los coordinadores, los miembros del Cuerpo Auxiliar y otras personas con experiencia en «un esfuerzo sistemático y concentrado […] para recoger y aplicar las reflexiones que surgen de las bases con respecto a la promoción de las clases para niños, grupos de prejóvenes y círculos de estudio».31 Por su parte, los coordinadores regionales o nacionales trabajan sobre el terreno junto con los coordinadores de agrupación, conversan con ellos sobre sus experiencias y observan de primera mano las fortalezas y los desafíos que surgen. Las reuniones de reflexión habituales, fundamentadas en lo que está sucediendo en las bases, permiten realizar un análisis profundo de la experiencia que se está desplegando en la región o el país. Las consultas y los esfuerzos de los coordinadores podrían centrarse durante un tiempo en una serie determinada de preguntas cruciales para lograr un progreso continuado. Las percepciones obtenidas a partir de estos esfuerzos focalizados se analizan y se comparten adecuadamente con otros. En este contexto, una agrupación en la que se está adquiriendo notable experiencia puede usarse para actuar como anfitriona de reuniones de coordinadores de otras agrupaciones y enviar a personas con experiencia a otras agrupaciones para trabajar sobre el terreno con amigos de la localidad. Éste es un enfoque para diseminar aprendizaje que ha funcionado bien en los sitios de aprendizaje para el programa de prejóvenes y se está aplicando ahora de alguna forma en el contexto de conjuntos de agrupaciones contiguas, organizadas alrededor de una o más que pueden ofrecer «una valiosa fuente de conocimiento y experiencia y representan una reserva de recursos humanos».32 Por otra parte, algunos institutos también están reuniendo los aprendizajes mediante la creación de documentos que sirven como registros dinámicos de los esfuerzos por dar respuesta a algunas preguntas clave. Con la presentación en el Libro 10 de algunos de los conocimientos generados globalmente sobre el aprendizaje como modo de operación, se espera que el estudio de ese curso ayude a los institutos de capacitación mismos a lograr avances todavía más notables con respecto a esta capacidad.

4.3 La evolución de los esquemas organizativos

Quienes siguen la labor del instituto de un país o región elevan poco a poco su comprensión de cómo emergen los sistemas organizativos y la manera en que evolucionan a medida que avanza una agrupación. La principal preocupación es, por supuesto, asegurar que, en cada una de las etapas, una agrupación cuente con las medidas apropiadas y que la capacidad de coordinación siga el ritmo del crecimiento de las actividades. Ello requiere que, a nivel regional o nacional, exista «una apreciación aguda de las circunstancias que se dan en la acción»,33 como base sobre la que luego se toman decisiones en materia de coordinación. En algunas agrupaciones, se asigna a una persona con experiencia de otra agrupación para que ayude a los amigos. En otras, algunos amigos de la localidad, que muestran capacidad para ayudar, acompañan a los que han iniciado actividades básicas. Y aún en otras, se nombra formalmente a los coordinadores, al tiempo que finalmente se levanta a un número de coordinadores que trabajan en equipos, cada uno de los cuales incluye a unos cuantos colaboradores. Un aspecto esencial de las responsabilidades asumidas a nivel nacional o regional es realizar una revisión periódica de las medidas organizativas de las agrupaciones y conjuntos de agrupaciones de todo el país o región, y de los mecanismos existentes para proporcionar el apoyo necesario.

Las estructuras a nivel nacional o regional evolucionan para responder a estas necesidades organizativas de las agrupaciones. La evaluación periódica debería ayudar a quienes siguen la labor del instituto a determinar oportunamente cuándo reforzar o ajustar cualquier medida que se haya dispuesto. Algunos temas que se abordan de manera progresiva incluyen: cuándo nombrar un coordinador regional o nacional para cada una de las tres actividades educativas; cuándo nombrar a otros de entre los que adquieren experiencia en las agrupaciones, a medida que aumenta la actividad; cómo formar equipos de amigos a nivel regional para ayudar a seguir cada programa; y cuándo asignar coordinadores para trabajar en partes de una región. Este último punto requiere un comentario adicional. En regiones extensas donde los coordinadores regionales están asignados a seguir una serie de agrupaciones, o incluso conjuntos de agrupaciones contiguas, éstos están funcionando cada vez más a nivel sub- regional. Como consecuencia, está emergiendo a nivel regional un papel administrativo distinto, y en algunos casos se emplea a una persona para apoyar a los coordinadores que operan a nivel sub-regional, gestionando los fondos, distribuyendo materiales, recopilando estadísticas y organizando reuniones de reflexión.

4.4 Realzar la capacidad del instituto mismo

A medida que más y más agrupaciones avanzan y la labor del instituto aumenta en complejidad, se introducen medidas bien definidas para ayudar a los coordinadores de agrupación, regionales o nacionales a elevar su capacidad, aumentando su conocimiento de la Fe, su comprensión del marco conceptual general del Plan, y su comprensión de la naturaleza y el propósito del proceso de instituto. Se puede mejorar su capacidad para analizar la realidad de su región o país, evaluar el progreso y planificar de manera efectiva, y se pueden desarrollar ciertas habilidades prácticas como el uso de la información estadística para la reflexión y la planificación, y la gestión juiciosa de los fondos de la Fe. También se cultivan capacidades como la de crear entornos constructivos de cooperación y unidad. Algunas de estas capacidades se obtienen de manera natural a través de la experiencia, a medida que se brinda asistencia a los coordinadores para llevar a cabo su trabajo. Los institutos identifican otros medios prácticos para ayudar a los coordinadores a desarrollar las habilidades necesarias. Por ejemplo, algunas de funcionamiento personas con la experiencia apropiada pueden ayudar a otros; a veces el instituto puede acudir a otros programas educativos de la Fe, como los ofrecidos por las agencias de inspiración bahá’í; y, en algunos casos, los coordinadores y otras personas que están al servicio del instituto a tiempo completo han recibido apoyo para participar en programas de capacitación pertinentes ofrecidos por diversas instituciones educativas.

Además, un instituto puede beneficiarse de las contribuciones de otras personas con destrezas especializadas que participan en la labor general de construcción de comunidad de la Fe. Algunos ejemplos de estas habilidades incluyen la traducción de materiales educativos, la gestión de las finanzas y la documentación del aprendizaje. Mediante la evaluación continua de las necesidades evolutivas de los recursos humanos del instituto y la revisión de las medidas establecidas para elevar la capacidad de los amigos que sirven como personal o como voluntarios, quienes siguen las labores del instituto identifican maneras de aprovechar los servicios de los amigos que tienen estas habilidades.

4.5 Gestión efectiva de los recursos económicos y materiales

La administración cuidadosa de los recursos económicos está relacionada con todos los aspectos y niveles del funcionamiento del instituto. Cuando planifican y presupuestan, los amigos consideran no sólo lo que proviene de los fondos de la Fe, sino también lo que los amigos de la localidad y la comunidad pueden ofrecer a través de cualquier medio que tengan a su disposición. Por su parte, las juntas de instituto, en colaboración con los coordinadores y los miembros del Cuerpo Auxiliar, garantizan que cada actividad en las bases cuente con los recursos necesarios. En ese contexto, se establecen canales efectivos para el flujo de fondos desde el nivel nacional o regional al nivel de la agrupación, y se disponen medidas simples y sencillas para mantener una contabilidad cabal. La conciencia de que los recursos de los amigos y los fondos de la Fe son preciosos, y no ilimitados, genera un compromiso con la eficiencia. La gestión de las finanzas se aborda con una actitud de aprendizaje, y se establecen prácticas tales como la supervisión periódica del presupuesto, y la presentación de informes económicos y auditorías anuales.

Un sistema eficiente para la producción y distribución de materiales del instituto es, por supuesto, fundamental. A veces, la falta de un sistema tal ha trastornado el progreso de los tres imperativos educativos y la vitalidad del proceso mismo de construcción de comunidad. Se debe prestar cuidadosa atención a cómo se almacenan los materiales y cómo se proporcionan a cada persona que estudia los cursos para que no se produzcan desperdicios innecesarios. Algunos institutos utilizan diversos enfoques a este respecto. Se aseguran de que los coordinadores de agrupación tengan acceso a un espacio de almacenamiento básico y de que cuando los participantes tienen posibilidades de comprar los textos se les anime a que así lo hagan.

4.6 Algunos aspectos administrativos

4.6.1 Remuneración del personal del instituto

Un aspecto importante de la administración de los recursos económicos es la remuneración del personal de los institutos. A medida que el número de círculos de estudio, clases para niños y grupos de prejóvenes aumenta en un país o región, más y más personas ahondan en su sentimiento de pertenencia y desean contribuir al mejoramiento de la sociedad, y algunas de ellas dedican una parte considerable de su tiempo a la labor del instituto. De entre los que sirven como coordinadores, puede que algunos necesiten ayuda económica durante un período de tiempo. Hay una serie de principios que los institutos deben tener en consideración a este respecto. Por supuesto, la capacidad de coordinación no puede construirse simplemente multiplicando el número de coordinadores que sirven a tiempo completo y reciben remuneración. A nivel de agrupación, la remuneración ofrecida a algunos coordinadores es esencialmente un arreglo a corto plazo al que se llega mediante una conversación con cada persona a la que se invita a servir de esta manera y que tiene necesidad de tal ayuda. Según las necesidades determinadas, los factores que podrían tenerse en cuenta son «si la persona reside en una zona rural o urbana, si tiene que cambiar de lugar de residencia, si tiene familia o tiene intención de continuar estudiando».34 Aunque las decisiones tomadas difieran de una persona a otra, el sistema deberá reflejar una consistencia general. Es posible que se requieran consideraciones adicionales a nivel regional o nacional. Por ejemplo, algunos amigos que sirven a tiempo completo y reciben remuneración podrían seguir necesitando esta ayuda durante un período más prolongado para asegurar que se mantienen los procesos de aprendizaje en toda la región o país. En todo caso, es de esperar que tanto a nivel de agrupación, regional o nacional, las necesidades de algunas personas, en ocasiones, «excedan lo que razonablemente pueda cubrirse con los fondos de la Fe».35 Se puede establecer una escala de remuneración realista. En la creación de un marco para la remuneración de los amigos, una Asamblea Espiritual Nacional, en consulta con los Consejeros y la junta del instituto, determina lo que en general constituiría un período razonable durante el que una persona que sirve como coordinador de agrupación, o como coordinador regional o nacional, pudiera recibir remuneración.

4.6.2 Manejo de las estadísticas

La disponibilidad de información estadística precisa y actualizada ayuda a los amigos que siguen el trabajo del instituto de capacitación a «permanecer plenamente familiarizados con lo que acontece a nivel de base y lo que se aprende en las agrupaciones cuyos avances supervisan».36 La información es, por supuesto, esencial en los procesos de planificación y toma de decisiones del instituto. Un sistema adecuado para recoger y analizar información estadística requiere que se establezcan instrumentos eficaces para este fin, y el Programa de Informes Estadísticos (SRP) es útil a este respecto. En muchas regiones y agrupaciones se está ya utilizando una nueva versión de esta herramienta, que combina sus versiones anteriores con el Perfil de Crecimiento de la Agrupación. En última instancia, la gestión y el uso efectivos de las estadísticas dependen de la estrecha colaboración entre los coordinadores de agrupación y los Comités de Enseñanza de Área, así como entre los coordinadores nacionales o regionales y los Consejos Regionales Bahá’ís.

4.7 La junta del instituto de capacitación

A medida que los institutos avanzan como estructuras organizativas, el papel de las juntas de instituto adquiere cada vez mayor importancia. Los miembros de una junta de instituto son nombrados por la Asamblea Espiritual Nacional o el Consejo Regional Bahá’í, en consulta con los Consejeros, normalmente por un período de dos a tres años. A través de diversos medios, incluidas reuniones y ocasiones especiales para la consulta, las juntas velan por la labor de los institutos. Siguen el despliegue de los procesos de aprendizaje asociados con los círculos de estudio, las clases para niños y los grupos de prejóvenes, facilitan la formulación de visión, prestan atención a los asuntos administrativos de los institutos y establecen lazos estrechos con los Consejeros y con las Asambleas Nacionales o Consejos Regionales, según sea el caso.

Cuando están compuestas por personas con la experiencia necesaria y que están personalmente involucradas en el proceso de construcción de comunidad, y cuando son capaces de fomentar relaciones de consulta efectivas con otros, se puede lograr un progreso notable en un período relativamente corto. Aunque no todas funcionan de la misma manera y las cuestiones que afrontan varían en complejidad, las crecientes demandas sobre los institutos por continuar alcanzando niveles cada vez más elevados de funcionamiento hacen necesario que las juntas sean también cada vez más capaces de llevar a cabo sus responsabilidades.

 

 

REFERENCIAS

1  Mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015 dirigido por la Casa Universal de Justicia a la Conferencia de los Cuerpos Continentales de Consejeros.

2  Ídem.

3  Ídem.

4  Mensaje de fecha 12 de diciembre de 2011 dirigido por la Casa Universal de Justicia a todas las Asambleas 
Espirituales Nacionales.

5  Mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015.

6  Mensaje de Riḍván de 2010 dirigido por la Casa Universal de Justicia a los bahá’ís del mundo.

7  Ídem.

8  Ídem.

9  Mensaje de fecha 28 de diciembre de 2010 dirigido por la Casa Universal de Justicia a la Conferencia de los 
Cuerpos Continentales de Consejeros.

10 Mensaje de Riḍván de 2010.

11 Ídem.

12 Mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015.

13 Mensaje de Riḍván de 2010.

14 Ídem.

15 Mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015.

16 Ídem.

17 Ídem.

18 Ídem.

19 Ídem.

20 Mensaje de fecha 27 de diciembre de 2005 dirigido por la Casa Universal de Justicia a la Conferencia de los Cuerpos Continentales de Consejeros.

21 Mensaje de fecha 12 de diciembre de 2011.

22 Los institutos de capacitación (Un documento preparado y aprobado por la Casa Universal de Justicia, abril de 1998)

23 Carta de fecha 24 de diciembre de 2014 escrita en nombre de la Casa Universal Justicia a una Asamblea Espiritual Nacional (traducción provisional).

24 Mensaje de fecha 12 de diciembre de 2011.

25 Mensaje de fecha 27 de diciembre de 2005.

26 Mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015.

27 Ídem.

28 Ídem.

29 Mensaje de Riḍván de 2010.

30 Mensaje de Riḍván de 1996, dirigido por la Casa Universal de Justicia a los seguidores de Bahá’u’lláh en Asia Occidental y Central (traducción provisional).

31 Mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015.

32 Ídem.

33 Mensaje de fecha 28 de diciembre de 2010.

34 Carta de fecha 24 de diciembre de 2014

35 Ídem

36 Mensaje de fecha 29 de diciembre de 2015.

 


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